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Como todos los días
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Cuentos del sillón




Leemos:

Como todos los días


Apenas abandonamos la infancia y ya dejamos de creer en esos cuentos maravillosos que nos contaban nuestros padres. Nos gustan, tal vez. Pero decimos: “son mentiras, lindas mentiras”. Vamos a la escuela a encontrarnos con nuestros compañeros de todos los días. Bien reales, como nosotros. Hacemos la tarea, vemos la televisión. Lloramos o reímos con alguna película. Leemos nuestros libros. Nos acostamos para soñar algo lindo y despertar en la plácida calidez de nuestro cuarto, rodeados de nuestros familiares y queridas cosas: ese afiche en la pared, esos muñecos gastados, ese álbum que nunca completamos, la alcancía vacía. De vez en cuando una pesadilla o algún susto. Pero ya sabemos que todo eso pasa y no es más que eso: una pesadilla, un susto.


A Matías le gustaba caminar esas siete cuadras hasta el colegio. Conocía cada baldosa. Sabía que la vereda del bar estaba formada por una combinación imposible de contar. El edificio de departamentos nuevo, en cambio, tenía dieciséis baldosas. Todas lisas y parejitas. Todavía no habían pasado nunca los del gas o los de la electricidad a romperles la vereda. Ya les iba a tocar.


Matías tenía un juego. Era tonto, pero era suyo. El juego consistía en contar los pasos. La meta era llegar a caminar alguna vez sin mirar para adelante, tan sólo contando los pasos con la vista fija en las baldosas. Llevaba meses intentándolo sin lograrlo.


Pero ese día Matías había dado su primer paso y su segundo y su séptimo y enseguida había percibido algo extraño.


Caminó como siempre las dos primeras cuadras. Cuando llegó al semáforo, esperó. Luz verde: cruzar.
Cruzó.




Fue cuando cruzaba que la sensación de extrañeza se le hizo más fuerte. Como no podía concentrarse en las baldosas tuvo que mirar los edificios. No reconoció ninguno. Tampoco encontró el reloj de la iglesia.




Preguntó la hora. Era mucho más tarde de lo que pensaba. Iba a llegar muy tarde. Apuró el paso. La esquina parecía estar cada vez más lejos. Miró a su alrededor. Quería encontrar algo conocido. No vio ni el quiosco de revistas, ni la heladería, ni la casa de fotocopias. Todo era desconocido.


Pensó que tal vez, distraído, había doblado mal en la esquina. Era imposible, pero a esa altura lo imposible resultaba posible. Volvió sobre sus pasos.


No reconoció nada. Ni los nombres de las calles.


Ya asustado se apoyó contra una pared para pensar con más calma la situación.


Entonces vio que una mujer le hacía señas y lo llamaba. No escuchaba lo que decía, pero tuvo mucho miedo. Estaba perdido en medio de calles extrañas. Había creído caminar las cuadras de siempre, pero todo era distinto. Todo era otro lugar. Otro mundo.


La mujer se aproximaba y Matías se paró y caminó hacia ella. Esa mujer se había dado cuenta de que él estaba perdido, pensaba. “Y seguramente me conoce. Tal vez sea una amiga de mamá. Qué estúpido que soy. Esto no se lo cuento a nadie. Se van a reír de mí. Miren, el bebito se perdió, van a decir”. Ya casi estaba llorando. Las lágrimas eran una mezcla del miedo que había sentido con la alegría de encontrar alguien que lo ayudara. No reconocía a esa mujer, pero no le importaba, con tal de que lo guiara hasta el colegio.


Cuando la mujer pronunció ese nombre extraño, Matías pensó que no le hablaba a él. Pero era a él a quien miraba. Quiso decirle “Yo no me llamo así, está usted confundida, yo soy Matías”, pero comprendió en un relámpago de lucidez que no había equivocación alguna, que la realidad era cada vez más atroz. Entonces, el llanto se detuvo. No para dar paso a la alegría del reencuentro, a la risa o a la placidez de lo familiar. No para despertar y decirse que todo había sido un sueño terrible, un susto. No. Lo que vino entonces fue el más espantoso de los espantos. No sólo esas calles no eran la de todos los días, no sólo esos edificios eran construcciones irreconocibles. Tampoco él era él. Ya no era Matías, entonces era otro o era nadie.


-Ernesto, te estaba esperando- le dijo la mujer.


Gabriel S. Lebriega



Biografía del autor


Gabriel S. Lebriega nació en Buenos Aires, en 1963. Siguió la carrera de Letras y se dedicó tempranamente a la docencia secundaria y al cine. Entre sus libros de cuentos se encuentra Una experiencia compartida.


Los componentes del texto

El cuento fantástico



Cuando en un cuento la acción transcurre en un mundo como el nuestro, sin hadas ni ogros ni dragones, y sucede de pronto algo sobrenatural que no podemos explicar, es un cuento fantástico.


REALIDAD DE TODOS LOS DÍAS + HECHO SOBRENATURAL INEXPLICABLE = CUENTO FANTÁSTICO



En “Como todos los días” hay fragmentos que nos permiten afirmar que los acontecimientos transcurren en un mundo como el nuestro. Matías, el protagonista, sale de su casa hacia el colegio, de la misma manera que lo hacía todos los días.


Sin embargo, ocurre algo que no pude ser explicado de acuerdo con las leyes de nuestro mundo. A partir del momento en que el personaje cruza la calle, se enfrenta a algo inexplicable: ¿en dónde se encuentra?, ¿qué calles son ésas?, ¿quién es la misteriosa mujer?, ¿quién es Ernesto?

Conflicto y desenlace

En un cuento se narra generalmente un conflicto o problema que necesita ser resuelto. Este conflicto puede manifestarse entre dos personajes o entre un personaje y una situación que debe resolver.


En el cuento que leyeron, el conflicto es que Matías no reconoce las calles y lugares de todos los días.
Sin embargo, ese problema no se resuelve.
En los cuentos fantásticos el desenlace no resuelve el conflicto sino que origina otro que queda sin resolución y deja en el lector la duda o la incertidumbre acerca de lo que sucedió.


Para conversar

* ¿Qué juego realizaba Matías todos los días cada vez que iba al colegio?

* ¿Cuál era su meta con ese juego?
* ¿A partir de qué momento Matías comienza a percibir algo extraño?
* ¿Qué cosas Matías no reconoce?
* ¿Qué piensa Matías cuando comprueba que no reconoce nada:
- Que todo fue un sueño.
- Que se perdió.


* ¿Qué le sucedió en realidad?
- Matías se perdió.
- Matías está en un mundo diferente y extraño.


* ¿Ese final se expresa con claridad o el lector debe deducirlo?
* ¿Pueden darle alguna explicación a lo que ha sucedido?
* Indica alguna parte en “Como todos los días” en que se manifieste que el narrador conoce lo que Matías piensa.
* El narrador de este cuento, ¿participa o no de los acontecimientos que narra?
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Cuentos para escuchar


Nos preparamos para un debate
Martes 14 de octubre
Escucha el cuento:

"El guante de encaje"


28 de octubre
Actividad para el día jueves 30 de octubre.
1.- Escucha

LA VIEJA CASA cuentos de Patricia Heredia
















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